Las fachadas ya cambiaron. El Meliá Cohiba volvió a ser Hotel Cohiba; el Iberostar Selection Parque Central quedó como Hotel Parque Central y el Meliá Varadero adoptó el nombre Los Pétalos Varadero. Retirar logotipos es sencillo. El problema consiste en sustituir la gestión, la comercialización y los estándares construidos durante más de tres décadas.

Iberostar y Meliá concluyeron en julio de este año sus operaciones en la isla. Meliá dejó 34 hoteles y unas 14.000 habitaciones; Iberostar culminó su repliegue tras abandonar 12 instalaciones de Gaviota. No eran propietarias de los inmuebles. Aportaban marca, administración y acceso a mercados. Los edificios siguen siendo cubanos, pero perdieron sus escaparates globales.

La salida de Meliá de Cuba se concretó el 24 de julio.

Gaviota asume hoteles en un mercado desplomado

La respuesta inmediata ha sido estatal. Gaviota, brazo turístico de GAESA y propietario de 121 hoteles, asumirá buena parte de los establecimientos. Cubanacán y Gran Caribe harán lo mismo con sus instalaciones.

La continuidad administrativa, sin embargo, ocurre en el peor momento del turismo cubano desde la pandemia. El último balance publicado por la Oficina Nacional de Estadística e Información, correspondiente al mes de junio, muestra que Cuba recibió 699.878 viajeros durante el primer semestre, 664.522 menos que un año antes. Dentro de ese total, apenas 387.591 fueron visitantes internacionales, una caída interanual del 60,7 %.

La secuencia mensual muestra un derrumbe acelerado. Enero comenzó con 184.833 visitantes; febrero bajó a 77.663; marzo registró 35.561; abril, 30.551; mayo, 30.883, y junio apenas 28.100. En seis meses, Cuba perdió 598.015 visitantes frente al mismo periodo de 2025.

Canadá continuó como primer mercado, aunque sus 126.937 viajeros representaron solo el 29,7 % del volumen alcanzado un año antes. Los cubanos residentes en el exterior sumaron 74.068; Estados Unidos, 31.001; Rusia, 21.235; México, 16.834, y Argentina, 14.559. España aportó apenas 8.810 visitantes.

Esos números reducen el problema a su dimensión más cruda. Cuba tiene administradores y habitaciones, pero cada vez menos clientes. Gestionar un resort semivacío, en medio de apagones y dificultades para garantizar combustible, climatización, alimentos o pagos internacionales, difícilmente constituye un negocio atractivo.

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Menos vuelos, menos posibilidades de recuperación

La desconexión aérea agrava el panorama. Air Canada suspendió sus servicios en febrero por la falta de combustible de aviación. También desaparecieron o fueron recortadas conexiones desde Rusia, Francia, Turquía y otros mercados relevantes.

Iberia extendió hasta junio de 2027 la suspensión de sus vuelos directos entre Madrid y La Habana. Air Europa mantiene tres frecuencias semanales, pero necesita realizar una escala técnica en Punta Cana para repostar en el trayecto de regreso. Menos asientos disponibles significan menos huéspedes, y la baja demanda vuelve todavía menos rentables las rutas restantes.

¿Pueden entrar Hilton, Marriott o Hyatt?

La retirada europea alimentó otro escenario. Análisis difundidos en España mencionan a Marriott, Hilton, Hyatt, Wyndham, Choice Hotels y Best Western como posibles operadores futuros. Poseen tecnología, programas de fidelización, capital y millones de clientes a pocas horas de vuelo del Caribe.

No se trata de una hipótesis absurda. Marriott ya administró el Four Points by Sheraton de La Habana entre 2016 y 2020, durante el deshielo iniciado por Barack Obama. Fue la primera compañía hotelera estadounidense que operó en Cuba desde 1959. La experiencia terminó cuando el Departamento del Tesoro revocó su licencia bajo la primera Administración Trump.

Ese antecedente muestra el potencial y el obstáculo. Las compañías estadounidenses podrían reemplazar capacidad comercial, pero hoy carecen de vía legal e incentivo empresarial. Washington prohíbe el turismo convencional de sus ciudadanos, restringe transacciones con entidades militares y sanciona a GAESA, Gaviota y el Ministerio de Turismo. Esas medidas provocaron la marcha de sus competidores europeos.

Por tanto, hablar de una entrada inmediata de Hilton o Marriott sería especulativo. Solo resultaría viable con licencias especiales, una modificación sustancial de la política estadounidense o acuerdos que separasen verdaderamente los hoteles de las entidades sancionadas. Hasta ahora, ninguna de esas cadenas ha anunciado negociaciones para administrar las instalaciones abandonadas.

Cubanos en el exterior y nuevos socios

La Habana maneja otras alternativas. Miguel Díaz-Canel ofreció la gestión de hoteles a empresarios cubanos residentes dentro y fuera del país, además de compañías extranjeras sin dependencia financiera de Estados Unidos. También planteó emplear activos hoteleros para compensar deudas y estructurar negocios.

La propuesta puede atraer operadores de China, Rusia, Turquía, Oriente Medio o América Latina. No obstante, administrar grandes complejos exige capital, proveedores, autonomía comercial y protección jurídica. Un empresario de la diáspora asociado con Gaviota podría terminar expuesto a las mismas sanciones que expulsaron a Meliá e Iberostar.

En el corto plazo, Gaviota, Cubanacán y Gran Caribe mantendrán abiertos los hoteles que todavía tengan demanda y cerrarán o compactarán los restantes. La posibilidad estadounidense pertenece al futuro, no al presente. Cuba conserva las habitaciones y los trabajadores. Lo que necesita recuperar son los vuelos, los clientes y una estructura comercial capaz de convertir nuevamente esos edificios en hoteles rentables.