Nueva York es una ciudad conocida por sus impresionantes puentes. A plena luz del día o por la noche, cuando las luces iluminan sus siluetas, ofrecen una imagen imponente del skyline de la Gran Manzana.

Además de contemplarlos, cruzarlos se convierte en una experiencia ineludible si visitas la ciudad. Convertidos en auténticos miradores, permiten disfrutar de otro punto de vista de una ciudad que nunca deja de sorprendernos.

PUENTE DE BROOKLYN

Consolidado como uno de los grandes emblemas de la ciudad de Nueva York, el de Brooklyn es uno de los puentes suspendidos más antiguos de Estados Unidos. Su inauguración en 1883, tras 14 años de trabajos, permitió unir por primera vez Manhattan y Brooklyn cruzando el East River mediante una edificación que en su momento fue considerada una auténtica maravilla técnica.

Por sus 1.825 metros circulan a diario más de 100.000 vehículos, 4.000 peatones y 2.600 bicicletas, lo que permite tener una idea de la concurrencia que soporta un puente que ha sido un actor más de cientos de series y películas rodadas en la ciudad de los rascacielos. Entre ellas destacan Godzilla, Tarzán en Nueva York, Annie Hall, o Fiebre del sábado por la noche.

PUENTE DE MANHATTAN

Inaugurado 26 años después que el de Brooklyn (1909), y con 264 metros más de longitud (2.089 metros), el puente de Manhattan conecta el sureste de Manhattan con el oeste de Brooklyn, atravesando el East River. Aunque excesivamente ruidoso, cruzarlo supone toda una experiencia, ya que desde él, las vistas del skyline de Manhattan, con la estatua de la Libertad al fondo, son envidiables.

El puente, diseñado por Leon Moisseiff, está construido en dos niveles. Cuenta con cuatro carriles para los vehículos en la parte superior y tres en la inferior, a los que se le añaden cuatro más correspondientes al subte, una bicisenda y una acera peatonal. Todo ello hace posible que circulen por él a diario más de 85.000 automóviles, 4.000 ciclistas y peatones y 450.000 personas en transporte público.

PUENTE DE WILLIAMSBURG

Junto a los dos anteriores, forma el trío de viaductos que comunican Manhattan con Brooklyn, y en concreto, el este de Manhattan con Williamsburg, el barrio más de moda de Nueva York. Abierto al público en 1903 y de estética marcadamente industrial -cuenta con una estructura rosácea que lo envuelve a modo de jaula-, estuvo a punto de cerrarse a principios de los años 80 por culpa de su deterioro, aunque finalmente se optó por restaurarlo.

No cuenta con la invasión de turistas del puente de Brooklyn, por lo que lo que es una opción alternativa para cruzar el East River y contemplar la ciudad mucho menos masificada. Los 2.227 metros de este puente colgante de doble nivel se recorren en unos 30 minutos en bicicleta -también pueden hacerse a pie, en metro o en auto-, un trayecto durante el que se pueden contemplar los grafitis de sus muros.

PUENTE DE QUEENSBORO

Conocido con nombres como “puente de la calle 59” -por el lugar donde empieza en Manhattan- o “Ed Koch Queensboro” -su nombre real-, esta construcción de 1909 atraviesa el East River uniendo Manhattan con el barrio de Queens en Long Island, pasando por la Isla de Roosevelt. Es el puente más transitado de Nueva York, ya que por él transcurre la ruta NY25.

Bajo el puente Queensboro encontramos el teleférico de Roosevelt Island, inaugurado en 1976, desde el que se disfrutan de espectaculares vistas de East River y sobre todo de la zona de Queens y el Uptown Manhattan. Quizás a algunos les resulte familiar porque aparece en algunas de las escenas más recordadas de Spiderman.

Puente de George Washington. Construido sobre el río Hudson, está en la zona oeste de Manhattan y permite conectar Nueva York con Nueva Jersey. Inaugurado en 1931 tras cuatro años de construcciones, fue considerado con sus 1.451 metros de longitud el puente colgante más largo del mundo hasta que en 1937 fue superado por el Golden Gate de San Francisco.

El proyecto inicial de Cass Gilbert y Othmar Ammann, arquitecto e ingeniero de la obra respectivamente, contemplaba cubrir la estructura de granito, sin embargo, la disminución de fondos provocada por la Gran Depresión hizo desestimar el proyecto. Cuenta con 14 carriles para vehículos -ocho en el nivel superior y seis en el inferior-, uno para bicicletas y otro peatonal, desde donde se obtienen excelentes vistas de la ciudad, especialmente hermosas por la mañana.

PUENTE DE VERRAZANO-NARROWS

Los aficionados al atletismo posiblemente reconocerán este puente, ya que es justo aquí donde se da la salida del maratón de Nueva York. La construcción, que desde 1964 comunica Fort Hamilton en Brooklyn y Fort Wadsworth en Staten Island sobre el estrecho de Narrows, alcanza los 1.298 metros de longitud.

Las monumentales torres del puente de Verrazano-Narrows, que superan los 211 metros de altura, son visibles desde muchos puntos de la ciudad. Pero si además de observar la belleza de su estructura, lo que deseas es contemplar las vistas in situ, deberás conformarte con hacerlo a bordo de un auto o de alguno de los buses express que lo cruzan, ya que no cuenta con paso para bicicletas ni peatones.