Luna Manzanares ha construido una carrera difícil de encerrar en una sola etiqueta. El jazz estuvo en sus primeros pasos profesionales y el soul aparece con frecuencia en su manera de frasear, pero su centro artístico sigue conectado con la canción cubana. Desde ahí ha transitado por la trova, el bolero, el pop, el teatro musical y repertorios anglosajones sin perder una identidad vocal reconocible.

Esa amplitud explica buena parte de su recorrido. Manzanares pertenece a una generación de músicos cubanos formados académicamente que comenzó a ganar espacio durante la primera década de los años 2000. En su caso, la preparación en el Conservatorio Amadeo Roldán y la experiencia coral se combinaron muy pronto con el jazz. Su participación en el concurso JoJazz, donde obtuvo una primera mención en interpretación, resultó decisiva para acercarla a una escena joven que entonces reunía a instrumentistas como Michel Herrera, Emir Santa Cruz, Gastón Joya y Yissy García.

Pero incluso en esos años Luna ya se resistía a la idea de convertirse únicamente en cantante de jazz. En una entrevista de 2015 explicaba que hacía principalmente canción y utilizaba el jazz, el soul y el funk como territorios de exploración. Esa definición sigue siendo útil para entender una trayectoria que ha crecido precisamente a partir del cruce de lenguajes.

Formada en la tradición musical cubana, Luna Manzanares ha llevado su voz a escenarios de Europa y América sin abandonar sus vínculos con la canción y el jazz. Foto tomada de su página oficial en Facebook

Una formación cubana abierta al mundo

Su educación musical comenzó mucho antes de que el público conociera su nombre. Pasó por la enseñanza especializada y por la Schola Cantorum Coralina, una experiencia que dejó huellas claras en el control de la voz, la afinación y el manejo de armonías. Después llegarían colaboraciones con artistas como Haydée Milanés, Raúl Paz, Descemer Bueno y varios de los músicos que renovaron el jazz cubano en aquellos años.

Las referencias de Manzanares tampoco se limitan a una época o un género. En diferentes entrevistas ha mencionado nombres esenciales de la música cubana, entre ellos María Teresa Vera, Benny Moré, Omara Portuondo, Elena Burke y Pablo Milanés. A esa tradición añadió influencias de la música brasileña y norteamericana, el rock, el blues y el soul.

Ese diálogo aparece con claridad cuando interpreta clásicos. Luna suele modificar acentos, espacios y dinámicas sin desfigurar la canción. Puede utilizar recursos asociados al jazz en una pieza tradicional cubana o aproximarse a un tema anglosajón desde una sensibilidad caribeña. Su relación con The Beatles, por ejemplo, formó parte de sus primeros repertorios como solista.

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La canción abrió la puerta al gran público

Durante años, Manzanares fue más conocida dentro de determinados circuitos musicales que entre una audiencia masiva. La televisión ayudó a modificar esa situación.

La interpretación de temas asociados a producciones televisivas como Bajo el mismo sol y Tierras de fuego llevó su voz a hogares que probablemente no frecuentaban clubes de jazz ni conciertos especializados. Aquella exposición mostró otra faceta de la cantante: su capacidad para colocar la interpretación por encima del virtuosismo.

Ese rasgo ha sido constante. Manzanares posee potencia y extensión vocal suficientes para construir exhibiciones técnicas, pero suele trabajar la canción desde el texto. Las pausas, los cambios de intensidad y la dicción forman parte de la interpretación. En un panorama musical donde la voz puede convertirse fácilmente en demostración atlética, ella ha preferido durante buena parte de su carrera contar algo con cada tema.

La transformación más importante de su trayectoria llegó fuera del formato tradicional de concierto.

En 2016 asumió el papel principal de Carmen la Cubana, adaptación musical de la obra de Bizet trasladada a la Cuba de 1958. La producción, dirigida por Christopher Renshaw, se estrenó en el Théâtre du Châtelet de París y posteriormente pasó por escenarios de Europa y Asia. Para Manzanares significó entrar en una disciplina distinta, donde cantar era apenas una parte del trabajo. Había que actuar, desplazarse dentro de una dramaturgia y sostener un personaje durante toda una función.

El teatro terminó convirtiéndose en otra línea central de su carrera. Más adelante interpretó a Tina Turner en la producción española de Tina, el musical, presentada en Madrid entre 2021 y 2023.

El desafío parecía hecho a su medida. El repertorio de Turner exige resistencia, presencia escénica y un acercamiento directo al soul y al rock, dos lenguajes que Manzanares había frecuentado desde mucho antes de llegar al personaje.

Su recorrido internacional continuó ampliándose. En 2025 se incorporó en México a la nueva producción de El Rey León en el papel de Sarabi, dentro del elenco presentado en el Teatro Telcel.

Luna Manzanares en el Rey León. Foto tomada de su página en Facebook

Una carrera que nunca necesitó escoger un solo género

La experiencia acumulada en escenarios internacionales podría haber desplazado definitivamente a Luna Manzanares hacia el teatro musical. No ha ocurrido así.

En enero de 2025 volvió a presentarse en República Dominicana en un concierto que recuperaba precisamente esa condición de intérprete capaz de pasar por el bolero, el son y el jazz. La coexistencia de ambos caminos —el personaje teatral y la cantante frente a su propia banda— parece definir mejor su presente artístico.

Hay también una continuidad con aquella joven que llegó al JoJazz y comenzó a trabajar entre músicos que buscaban nuevos espacios para el género en Cuba. La diferencia está en todo lo ocurrido después. París, Londres, Madrid, México y otros escenarios añadieron herramientas a una cantante cuya formación inicial seguía anclada en La Habana.

Luna Manzanares forma parte así de una tradición cubana donde las fronteras musicales suelen ser porosas. En su voz pueden aparecer el fraseo del jazz, la energía del soul y la memoria del filin sin necesidad de separar cada influencia. Su carrera ha avanzado de la misma manera: cambiando de escenario, repertorio y personaje, mientras la canción continúa siendo el lugar al que siempre regresa.