Los mayores coleccionistas de arte en Latinoamérica provienen de 18 países y cada uno posee un mínimo de 100 piezas. Solo 18 son mujeres y Argentina y Brasil ofrecen el mayor número de compradores: 14 en cada país, de acuerdo con una investigación del portal Arteinformado.

Carlos Guerrero, director de la publicación, explica que la investigación ha durado tres años. En general, los coleccionistas no quieren darse a conocer por tratarse de poderosos empresarios para los que la publicidad puede significar inseguridad. No obstante, una veintena ha colaborado y hablado, pero a la mayoría se les ha incluido gracias a testimonios indirectos, rastreos en Internet, aportaciones de los artistas coleccionados e informaciones de los patronatos de museos de los que forman parte. “Puede que falten nombres”, admite Guerrero, “pero los que destacamos han sido seleccionados entre una lista de 400”. Finalmente, han escogido 100 cuya trayectoria coleccionista es incuestionable.

Según el informe, los países más grandes y desarrollados aportan más coleccionistas. Tras Argentina y Brasil, hay 12 de México y Colombia, 10 de Perú y siete de Chile y Venezuela, seis de Puerto Rico, cinco de Uruguay, tres de Cuba, dos de Guatemala y El Salvador, y con uno, respectivamente, Nicaragua, Ecuador, República Dominicana, Costa Rica, Honduras y Panamá.

El perfil medio es el de un hombre (el 70%) de entre 40 y 65 años y con éxito profesional. Se trata, en un alto porcentaje, de reconocidos financieros, empresarios y profesionales liberales (abogados, arquitectos, ingenieros…), que a menudo comenzaron a armar sus colecciones en las últimas dos décadas, en coincidencia con el boom mundial. Como ejemplo, señalan los mexicanos Carlos Slim, Emilio Azcárraga Jean y Eugenio López Alonso; el empresario colombiano Leon Amitai; el financiero brasileño José Olympio da Veiga Pereira; o el juez argentino Gustavo Bruzzone.

Respecto a las mujeres, destacan a las mexicanas Soumaya Slim de Romero, Gabriela Garza y María Asunción Aramburuzabala Larregui, a la puertorriqueña María Luisa Ferré Rangel, la venezolana Tiqui Atencio Demirdjian o a la brasileña Frances Reynolds, entre otras.

La más conocida es la venezolana Patricia Phelps de Cisneros, creadora de la Fundación Cisneros-Colección Patricia Phelps de Cisneros, quien recientemente ha realizado la mayor donación de obras de arte latinoamericano de su historia al MoMA de Nueva York, en el cual, además, esta reconocida filántropa ejerce de Presidenta de su Comité para América Latina y el Caribe, y desde 1992, es miembro de su Consejo Directivo.

Aunque no todos, son bastantes los que se han especializado en diferentes campos del arte contemporáneo. El informe señala los casos de argentino Aldo Rubino, con su colección especializada en Abstracción geométrica internacional; al chileno Álvaro Saieh Bendeck, en cuyos fondos la obra cinética tiene una relevante y especial presencia; al venezolano Luis Benshimol, cuyos focos primarios son el arte cinético, la abstracción geométrica, el minimalismo y el Op Art, con un énfasis particular en el patrimonio artístico venezolano y latinoamericano; al brasileño Alfredo Hertzog, con una colección especializada en videoarte; al joven mexicano Moisés Cosío, quien comenzó su colección en el año 2007, centrada en arte contemporáneo; el peruano Jan Mulder, una de las figuras más reconocidas del coleccionismo fotográfico del Perú; el matrimonio puertorriqueño Diana y Moisés Berezdivin, cuya colección estaba en principio constituida de arte israelí, puertorriqueño y cubano, y luego, en la década de los noventa, decidieron enfocarla hacia el arte latinoamericano, y a partir del año 2000, hacia el arte contemporáneo internacional; o al matrimonio mexicano Isabel & Agustín Coppel, que inician su colección de arte con una particular selección de arte moderno mexicano, la cual rápidamente dirigieron al arte contemporáneo, tanto nacional como internacional, y con un énfasis importante en fotografía.

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