El verbo “ranear” se ha colado en el vocabulario de los panameños desde hace casi diez años, cuando la cervecería artesanal La Rana Dorada decidió apostar por el mercado local. En aquel entonces era una idea que empezaba a cocinarse a pesar de que la cerveza industrial era la protagonista en los anaqueles.

Panamá es un país cervecero, tiene el mayor índice de consumo de Centroamérica, según el Reporte Global del Estado del Alcohol publicado en 2018 por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Sin embargo, beber cerveza artesanal es una costumbre reciente que ha derivado en tendencia. 

Hoy en día el movimiento microcervecero suma más de veinte casas locales, La Rana Dorada resalta por ser una de las pioneras con veintisiete recetas propias en su haber y 7 pubs ubicados en diferentes puntos de la capital. Además de veinte reconocimientos obtenidos en competencias nacionales e internacionales.

Una rana muy carismática

Al colombiano Berny Silberwasser, fundador de Bogota Beer Company, BBC, y a su amigo Jacky Yaffe, mitad colombiano, mitad panameño, se les ocurrió el nombre de La Rana Dorada mientras paseaban por una tienda de souvenirs en Panamá.

La rana dorada es un icono de la fauna panameña, un símbolo que representa la biodiversidad del país. Actualmente es una especie en peligro de extinción a causa de un hongo que amenaza su hábitat natural.

Para garantizar su existencia la rana dorada ha sido rescatada y está protegida por el  Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales y el Proyecto de Rescate y Conservación de Anfibios de Panamá.

Berny y Jacky, creadores de la cervecería, no solo tomaron el nombre, también idearon un personaje con brazos y piernas, una rana esbelta, carismática, vestida con pantalón y camisa de cuello, que cambia de outfit según la ocasión, y siempre invita a disfrutar una buena cerveza artesanal.

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Sobre las paredes de la fábrica de cervezas se muestran los premios y reconocimientos que ha ganado la marca en los últimos años. Cortesía La Rana Dorada

La más famosa del barrio

“La misma persona que fundó BBC la cervecería artesanal más grande de Colombia, Berny Silberwasser, es también el fundador y dueño de La Rana Dorada junto a su amigo de la infancia Jacky Yaffe. Ambos pensaron en abrir una cervecería aquí en Panamá con un concepto similar y con Brad Kraus como maestro cervecero”, cuenta Hernán Justiniani, gerente general de la marca.

El primer pub de La Rana Dorada abrió en 2010, posteriormente inauguraron una segunda sucursal en el Casco Antiguo de la ciudad, donde también instalaron su pequeña fábrica. “Registramos el nombre de la cervecería pero no teníamos cervezas. Contratamos a un tercero para hacer una primera muestra con nuestra receta. Pensamos que duraría dos meses pero duró dos semanas. Eso fue suficiente para darnos cuenta de que sí funcionaría”.

La Rana Dorada creció pero nunca abandonó el barrio que la vio nacer. Pronto se convirtió en un punto de referencia para los panameños y extranjeros que visitaban el Casco, no solo por la calidad de su producto, sino también por su ambiente, sus pizzas y buena música.

En 2018 mudaron su sede de Casco Antiguo a una casa mucho más grande, con dos pisos, un patio interno y paredes de piedra. Un lugar con mucha historia, donde según Justiniani, se celebraban los festejos de la época.

La Rana Dorada
Las cervezas artesanales de la Rana Dorada han conquistado al paladar panameño por su variedad y diferentes estilos. Cortesía La Rana Dorada

Recetas cerveceras con creatividad

En el menú de La Rana Dorada hay seis cervezas de diferentes estilos para elegir. Siempre hay una de temporada que resalta ingredientes locales como la maracuyá, el café o el chocolate. La más solicitada es la Blanche, de color rubio turbio, estilo Ale de origen belga, refrescante y con un sabor cítrico.

La Grand Cru también es otra de las más vendidas, muy similar a la blanche, cremosa, con cuerpo y un toque picante muy suave. Le siguen la Porter, una receta inglesa con un sabor tostado, chocolate y aroma a café, la Coffee Porter con café y raspadura, la Pils la única de estilo lager en el menú con notas herbales y florales, la clásica IPA de origen americano y lúpulos fuertes y la Pale Ale de color rojizo y sabor a caramelo.

Todas, veintisiete hasta la fecha, han sido creadas por Brad Kraus, el maestro cervecero que ha acompañado a la marca desde sus inicios. Kraus también cocinó las cervezas de Bogota Beer Company en Colombia, hace veinte años atrás, y ha sido jurado de las más importantes competencias de cerveza alrededor del mundo.

La Rana Dorada en lata

Después de dar sus primeros pasos en el Casco Antiguo, la pequeña fábrica de La Rana Dorada se mudó a un espació mucho más grande para producir más cerveza y cubrir la demanda de los 7 locales que mantiene hoy en día. Diariamente se fabrican 1.500 litros de cerveza.

En 2017, cuenta Justiniani, la marca comenzó el proceso de embotellado y se comercializó en distintos puntos de venta. Pero la botella no duraría mucho por considerarse un material muy contaminante que además no favorece la conservación de la cerveza.

“La lata es más hermética, fácil de llevar, ocupa menos espacio, no se rompe y se enfría mucho más rápido. No solo cambiamos porque es más económico, sino porque la cerveza se preserva y se consume mejor en lata”, asegura Justiniani. Además de los pubs, la cerveza se consigue en más de 50 puntos de distribución entre supermercados, bodegones y restaurantes en toda la ciudad.

La Blanche y la Grand Cru son dos de las cervezas más vendidas. Ambas son estilo Ale de origen belga y de color rubio. Cortesía La Rana Dorada

Más “ranitas”

Aunque no hay planes de expandirse fuera del país, La Rana Dorada sí tiene previsto crecer tanto en la ciudad como en otras provincias del interior utilizando un modelo de franquicia.

“Hemos diseñado un nuevo concepto para franquiciar en la ciudad, no será un pub como tal, será una estructura diferente, basada en contenedores de 20 pies equipados para dispensar cerveza con un cuarto frío propio. Fuera de la ciudad sí habrá más locales con el formato pub original”, explica Justiniani. Agrega que para la empresa es importante contar con franquiciados que conozcan la marca, la aprecien y respeten sus valores.

Tras años de trayectoria que le han ganado la fidelidad y compromiso de sus clientes, La Rana Dorada mantiene la fórmula, más allá de la cebada y los lúpulos, de combinar un concepto con personalidad, buen servicio y un ambiente agradable.

También realizan su aporte anual para ayudar a la preservación de la rana dorada, por cada lata vendida donan 5 centavos al Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales. “Creo que ese mix ha hecho que este sea un negocio exitoso en el rubro de la cervecería artesanal en Panamá”, concluye Justiniani.