Al pensar en la capital venezolana, probablemente la primera imagen que se nos viene a la mente es la del cerro Waraira Repano, mejor conocido como El Ávila, que verde y majestuoso vigila la ciudad desde las alturas. Extendida de punta a punta, la montaña abraza a una metrópolis vibrante y agitada, cuyo exigente día a día arropa las miles de historias y anécdotas que Caracas tiene para contar.

Y es que, tal como sucede en cada gran urbe, muchos de sus habitantes tienden a sumergirse en su rutina a tal punto que dejan de conocer el lado más fascinante de su propia ciudad. Fundada en 1567, bajo el nombre de Santiago de León de Caracas, esta capital sudamericana alberga en cada esquina un recuerdo y, definitivamente, tiene mucho más que ofrecer que aquello que vemos desde la ventana – con todo el respeto de El Ávila, por supuesto.

Aunque la movilidad peatonal sea más bien difícil en Caracas, recorrerla a pie es una experiencia sin par. De hecho, es ése el concepto que mueve al proyecto Urbanimia, una iniciativa creada por un par de gestoras culturales cuyo objetivo es dar a conocer el lado más humano de la ciudad, a través de una variedad tours peatonales que enriquecen y hasta sorprenden a propios y extraños. Una idea sin duda refrescante para los caraqueños, condenados a pasar no pocas horas de sus vidas atrapados en el pesadísimo tráfico o a moverse en subterráneo, sin siquiera un paisaje para admirar.

Recuerdos perpetuados

En el casco histórico de Caracas – recientemente recuperado- es normal observar un alto número de transeúntes desplazándose de un lado al otro, apurados por llegar a sus respectivos destinos.  Sin embargo, es probable que muy pocos de ellos sepan que cada una de sus esquinas le debe su nombre a un cuento en particular, algunos de ellos sustentados históricamente y otros inspirados en leyendas e, incluso, en fantasmas. “Brujas, espantos y almas en pena son parte de las historias mínimas que cuenta la ciudad. En las esquinas de medianoche y en los edificios envejecidos de Caracas, el imaginario y la leyenda saben poner los pelos de punta”, es la descripción de Urbanimia sobre el rostro más oscuro del centro caraqueño.

Así, el ingenio característico de quienes habitaban la que fuera popularmente llamada “ciudad de los techos rojos” se mantiene vivo en avenidas tan transitadas como la Urdaneta, donde hacen vida varios edificios de gestión pública, como el Ministerio de Relaciones Interiores y Justicia, y unos de los periódicos más importantes del país, El Universal. Justo allí se ubica la esquina de Las Ánimas, que habla del carácter tanto religioso como supersticioso del venezolano del siglo XIX. Para la época, la iluminación era muy pobre y los vecinos aseguraban que cuando alguien estaba agonizando era posible escuchar un coro de voces fúnebres. Cuenta la leyenda que una noche unos jóvenes salieron a las calles penumbrosas y, justo en esa esquina, vieron a un grupo de figuras que vestían túnicas blancas que, lentamente, volvieron a desparecer. De allí, el sombrío nombre del lugar.

Otro nombre curioso lo tiene la esquina El Muerto, que debe su nombre a un suceso histórico e particular aderezado, una vez más, con superstición. Luego de la sangrienta Guerra de los Azules (1868), una cuadrilla de hombres recorrió las calles para recoger los cadáveres. Al llegar a esta esquina se disponían a llevarse un cuerpo cuando éste se levanto diciendo: “¡No me entierren, que yo estoy vivo!”. Los hombres echaron a correr y, desde entonces, este punto fue mejor conocido como “el lugar donde se levantó el muerto”.

Redescubriendo lo conocido

Al otro lado de la ciudad, en el este, se encuentra Petare, una zona popular cuyo rápido crecimiento contrasta con un centro que pareciera haberse detenido en el tiempo. De un valor cultural incomparable, la vida en este casco histórico funge como una ventana hacia lo que habría sido la Caracas de hace muchos años atrás, sin duda muy diferente a la que conocemos hoy en día.

Allí, estructuras como el templo “Dulce Nombre de Jesús” (1961), la Casa de los León y la Plaza Sucre (ambas de principios del siglo XIX) seducen con su encanto de antaño, convirtiendo al pueblo en un lugar imperdible. Así lo confirma la Alcaldía del Municipio Sucre: “Su autenticidad, definida por la morfología y elementos constructivos de sus casas y el valor social de una comunidad profundamente arraigada de definida personalidad histórica y cultural, constituyen motivos suficientes para considerarlos como un legítimo Bien Cultural Nacional que invita a la aventura de conocerlo y disfrutarlo.”

Sin embargo, esta área protegida es poco frecuentada por los caraqueños y, de hecho, muchos ni siquiera la conocen. Tal vez no saben que a pesar de los numerosos problemas que padecen sus alrededores, se trata de una zona colonial que también es escenario de actividades culturales impulsadas por sus propios habitantes, en su empeño por conservar con orgullo los valores que la diferencian de la avasallante modernidad que predomina en la ciudad.

Por otra parte, en la zona sur de Caracas, está el Paseo Los Próceres, uno de los lugares favoritos tanto para la familia como para los deportistas, debido a su extensión, belleza y seguridad -está ubicado en un área militar-. Basta detener aunque sea por instantes el trote o el paseo en bicicleta para admirar la belleza de sus fuentes, jardines, esculturas y murales, acompañados por un inmenso espejo de agua que refleja un obelisco apuntando hacia el emblemático cerro El Ávila. Detalles, que en medio de la actividad física, muchas veces pasan desapercibidos.

Es habitual ver un flujo numeroso de personas en el lugar pero, además de sus vivaces visitantes, en este monumento inaugurado en el año 1956 también conviven las estatuas en bronce de los héroes de la independencia de los países bolivarianos, quienes en vida tuvieron relaciones de distinta naturaleza con la capital de Venezuela. Por ejemplo, Urbanimia ofrece un tour a pie en el que se comparten historias de la vida personal de estas figuras heroicas, pero desde un plano humano y posiblemente insospechado.

Caracas, envolvente y caótica, es también una ciudad multifacética, que goza de un clima privilegiado y de un verdor incomparable, pero que también tiene atributos que van mucho más allá de la naturaleza, como la gran herencia cultural que se percibe en cada calle. Quien desee conocer a profundidad la cuna de El Libertador definitivamente no debería quedarse en lo que está a simple vista; Caracas guarda tesoros que te sorprenderán.