Fue bautizada como Fusterlandia por un periodista estadounidense, y por ese nombre ya todos conocen este sitio de la localidad costera de Jaimanitas, convertido desde hace 25 años en un proyecto comunitario transformador, gracias al ingenio del artista cubano José Antonio Rodríguez Fuster.

Fachadas, muros, bancos y paradas de ómnibus de este pintoresco barrio ubicado en el extremo más noroccidental de La Habana recuerdan el estilo que el arquitecto catalán Antonio Gaudí impregnó en Barcelona, especialmente en el “Parque Guell”.

Hasta ese sitio apartado en la geografía habanera llegan diariamente decenas de turistas de diversos lugares del mundo, interesados en caminar por uno de los barrios más famosos de La Habana. Se trata de una opción absolutamente gratuita.

Usted puede llegar a Jaimanitas y desde que desciende del ómnibus interactúa con una impresionante galería comunitaria a cielo abierto, donde José Antonio Rodríguez Fuster ha dejado su huella en las casas de vecinos, parques o en las postas del médico de la familia.

Es un proyecto con influencias europeas pero que indiscutiblemente desborda cubanía: no faltan esculturas y mosaicos con palmas, guajiros con sombreros, árboles, gallos, deidades y banderas cubanas.

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Bienvenidos a Fusterlandia

Los tanques decorados para almacenar agua, muy típicos de hogares cubanos donde escasea el preciado líquido, también forman parte de la recreación del lugar, así como llamativas son las entradas de casas con frases poéticas o los nombres de sus propietarios: “Doña Iris, Princesa Diana, o María Bonita”.

Fusterlandia
José Antonio Rodríguez Fuster ha creado un mundo propio en Jaiminitas. Foto: Abel Rojas

La sensación de quien visita Fusterlandia es siempre una: en este barrio habanero cualquier cosa puede ser un lienzo para expresar las ideas de Fuster.

Sobre las 11 de la mañana de un día caluroso llegó PanamericanWorld al taller estudio de Fuster en Jaimanitas, y durante al menos una hora compartió con este reconocido pintor, escultor, ceramista y artista cubano en toda la extensión de la palabra.

“El inicio de todo se remonta a mis primeros años, cuando empecé a estudiar en la Escuela de Instructores de Arte en La Habana. Desde ese entonces conocí la obra de Gaudí, y recuerdo que un profesor me decía: “usted tiene influencia gaudiana; yo veo en ti que tú vas a hacer ciudades, pueblos. Cuando aquello yo era un jovencito de 16 o 17 años y no entendía qué me decía, pero con el tiempo pude comprenderlo, cuando en disimiles ocasiones de mi vida artística he sentido la marca de Antonio Gaudí”.

Pero si bien Fuster reconoce que hay una fuerte influencia de este catalán en su obra, asegura que quien más despertó su atención fue el escultor rumano Constantín Brancusi, autor de tres importantes obras a las que Fuster rinde homenaje en Jaimanitas: “La puerta del beso”, “La columna del infinito” y “La mesa del silencio”.

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Color, imaginación desbordada y atmósferas oníricas envuelven el barrio diseñado por José Antonio Rodríguez Fuster. Foto: Abel Rojas

“Al principio esta era mi casa, una casita pequeñita de dos habitaciones, pero poco a poco a través de los años fuimos creciendo”, me cuenta Fuster, mientras señala el amplio local que hoy ocupa su taller.

La primera piedra de Fusterlandia fue la puerta de entrada, en homenaje a Brancusi y fruto de una amplia colección de cerámica que poseía el artista desde los años ochenta,  cuando fue un ceramista muy reconocido. “Me dije, para qué voy a vender esas piezas, las voy a poner aquí, para que el público las mire. A partir de entonces, pensé que sería buena idea seguir haciendo lo mismo”, explica.

Cualquier cosa puede ser un lienzo para Fuster

“Lo de extenderme al resto de la comunidad fue a partir de las necesidades individuales. Un vecino me decía: por qué no me haces mi muro, por qué no pones el nombre mío, y así poco a poco fui dejando también una huella en esos lugares”.

La obra de Fuster ha transformado la comunidad de la que es parte y ha convertido su arte en piezas con enorme sentido utilitario, que al mismo tiempo da vida al poblado de Jaimanitas.

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La ubicación del barrio ofrece también hermosas vistas de La Habana. Foto: Abel Rojas

“Todas esas intervenciones en las casas de los vecinos son completamente gratis. Aquí nadie paga nada”, me aclara el artista, quien precisa que todos los proyectos de la comunidad se subvencionan con el dinero que recauda por la comercialización de sus obras. “Nunca hemos cobrado a nadie por decorar parte de su casa, como tampoco cobramos la entrada al taller”.

Para este genio caribeño, el resultado de su obra está muy mediado por los materiales que se consiguen en Cuba. Cuando se mira de lejos, pareciera por excelencia un estilo apropiado para la isla, donde el reciclaje es cultura. Así, cualquier fragmento de cerámica puede convertirse en material para Fuster, en combinación con otros materiales como el ferrocemento, cabillas, arena, piedras, y el cemento cola.

No obstante, como todo buen cubano, Fuster debe enfrentar los problemas de escases de materiales de la construcción. “Por este tema nos hemos parado a menudo”, asegura.   

El tiempo de montaje de una obra suya es relativo. Por ejemplo, explica Fuster, una parada de ómnibus puede demorar cerca de dos semanas en construirse trabajando sin descanso; mientras que otras obras más complejas tardan incluso hasta dos años.

“Tengo un equipo de trabajo que vive en la zona y que me ha acompañado desde hace 25 años. Algunos miembros se han incorporado nuevos, pero la esencia es que he ido creando un grupo de especialistas que se dedican a cada cosa dentro de este proyecto. Estamos hablando de un trabajo bien complejo que necesita de la participación de diversas especialidades”, confiesa.

Los sueños de Fuster en Fusterlandia

Aún queda mucho por hacer en Fusterlandia. Los vecinos continúan pidiendo al artista el diseño de sus fachadas y Fuster asegura que su proyecto continuará haciendo cosas por la comunidad.

Fusterlandia
Entrada a Casa Fuster, conocida como Fusterlandia. Foto: Abel Rojas

Casi en la despedida vemos a los lejos un grupo de hombres trabajando sobre la placa de una casa y le preguntamos, ¿qué será eso? Fuster nos adelanta que actualmente trabajan en la construcción de un futuro un bar de tapas, que se convertirá en una opción más para la comunidad y sus visitantes.

Fuera de Jaimanitas, la obra de Fuster puede apreciarse en hospitales, centros de educación o estaciones de policía, pero nada tan representativo como Jaimanitas, un sitio habanero que es todo un guiño al modernismo de Gaudí, desde la Cuba del siglo XXI.

Por M.C. Ramón / PanamericanWorld, La Habana