La isla caribeña de Cozumel cuenta con más récords. Por un lado, acoge la segunda barrera de coral del mundo tras la de Australia. También el rincón más oriental de todo México. Por si fuera poco, es un paraíso para el avistamiento de aves, tortugas marinas y cocodrilos.

El trasiego de todo tipo de pájaros entre el norte y el sur de América pasa por este punto del planeta, ubicado justo entre el Golfo de México y el mar Caribe. Hasta un Festival de Aves celebra la isla cada año, en el que no faltan conferencias, talleres y excursiones por la zona para darle al avistamiento desde todas partes.

Y es que si la zona de la península de Yucatán, a apenas 10 kilómetros de distancia, alberga unas 500 especies de aves, Cozumel se queda con cerca de la mitad. Tanta abundancia plumífera fue una de las cosas que más llamó la atención de los conquistadores españoles cuando llegaron aquí, a este rincón de la geografía azteca paradisiaco a más no poder, en 1518. Y también del pirata más pirata de todos, el británico Henry Morgan, que montó su chiringuito particular aquí durante una buena temporada durante el siglo XVII.

Es más, dicen que en esta isla planeó los ataques al resto de puertos caribeños y que en las cuevas sagradas de los mayas (que las sigue habiendo) escondió sus tesoros obtenidos en los saqueos de los galeones enemigos, muchos de los cuales no se han encontrado todavía… Puedes apuntarte su rastreo como segunda actividad a realizar en Cozumel. Eso sí, pequeña pequeña tampoco es: mide 45 kilómetros de largo por 17 de ancho, siendo la tercera isla en tamaño del país (477 kilómetros cuadrados). La primera es Isla Tiburón ((1.200 km2) y la segunda, la del Ángel de la Guarda (931 km2), pero ninguna de estas dos está habitada.

La tercera tiene que ver con el submarinismo. Por algo, la isla es conocida por acoger la segunda barrera de coral del mundo después de la de Australia. Normal que el mismísimo oceanógrafo Jacques Cousteau la incluyera en su top ten de los mejores lugares del planeta para bucear, con casi 50 puntos estratégicos repartidos por todo su litoral. Entre ellos destaca Playa Palancar, la zona más cercana a los arrecifes y la menos explotada todavía por la mano del hombre.

El sitio ideal para nadar entre delfines y manatíes es, en cambio, el Parque Nacional de Chankanaab, al sur de la isla. Allí, entre lagunas de aguas dulces y saladas y fidedignas réplicas de poblados mayas te contarán también cómo cocinaban estas tribus antaño. Una pista: con mucho cacao de por medio. No en vano, el nombre de “chocolate” salió de aquí, cuando el mismísimo Moctezuma dio a probar a Hernán Cortés su producto más preciado. Eso sí, estaba caliente y se lo advirtió diciéndole «xocoatle», que significaba “cuidado, que quema”. El colonizador extremeño se quedó con que la copla, pero algo tergiversada… Y así nació el “chocolate”.

Otra de las sorpresas que dejó bloqueados a los europeos fue la peregrinación de mujeres en canoa desde Xcaret, en el México continental, hasta el santuario de Ixchel, la diosa de la fertilidad, justo en el centro de la isla, entre la vegetación de las ruinas arqueológicas de San Gervasio. El objetivo era pedirle a la deidad que se quedasen embarazadas pronto, además de asegurar como dios manda el salto de niña a mujer en el caso de las féminas más jóvenes. La procesión cayó en desgracia con el tiempo, pero volvió a retomarse en 2007. Desde entonces, 300 damas vestidas de blanco surcan el Caribe en 25 canoas a finales de mayo. Una vez en el yacimiento, tienen que pasar por el arco del templo principal y pedir su deseo a Ixchel. Se supone que a los nueve meses habrá niño o niña a la vista.

La siguiente parada nos lleva a Punta Molas, considerado el extremo más oriental de la isla y de todo México. Aquí lo suyo es marcarse un selfie con el cartel de turno marcando el territorio. Y para seguir conociendo la historia de la isla, lo mejor es subir al fotogénico faro de otra punta, la de Celaráin (o Punta Sur), ubicada justo en el extremo opuesto de Cozumel, que relata, paso a paso, la vida de los pobladores y sus vicisitudes.

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