Un trecho de playa completamente virgen hecho para ti, eso es lo que aguarda en un pedacito de la costa Este de República Dominicana. Nada que ver con Punta Cana, no es comercial y tiene un paisaje verdaderamente único. Ubicada al Sureste de la isla frente a la península de Samaná,  es un lugar que poco locales conocen, muchos ni saben que existe; no saben lo que se pierden.

Saliendo del Aeropuerto Internacional de Las Américas con rumbo a Hato Mayor, conocido por su producción de cítricos, es una parada ideal para comprar naranjas en los fruteros de la carretera hasta llegar a la provincia vecina de El Seibo, donde está Playa Esmeralda. El trayecto es largo, aproximadamente 180 kilómetros, pero no tiene desperdicio con vistas panorámicas de la bahía que anticipan que el destino vale la pena.

Dos horas y media después llegamos a Miches, un pequeño pueblo costero que se puede recorrer bordeando la playa de tonos azules pálidos; nos recibe con un clima cálido y seco, perfecto para disfrutar del mar. El lugar tiene un encanto. Las yolas de los pescadores se deslizan lentamente y permiten captar el momento en el que extienden sus redes en el aire y caen al mar a contraluz.

Es un poco después del mediodía y buscamos qué comer, pensamos que irnos de retiro a una playa poco conocida podría ser sinónimo de que cuando salgamos del agua no habrá nada que nos quite el hambre. Hicimos una parada en Coco Loco Beach Club, frente a Playa Arriba en Miches, comimos pescado frito (apoyando el consumo local, claro) y anotamos una opción donde quedarnos a pasar la noche. Un poquito alejado del pueblo pero a la vez suficientemente cerca, con 12 cabañas tipo “bungalow”; es un lugar práctico y accesible en el que no abundan las opciones con un precio de RD$1,200 (aproximadamente 30 dólares canadienses) por noche y desayuno incluido. La otra alternativa es el Hotel La Loma, con una tarifa de RD$1,800 (aproximadamente 45 dólares canadienses) sin desayuno; como su nombre indica, está en la cima de una loma y tiene un vista espectacular de todo el pueblo de Miches con la bahía y los pescadores detrás.

Para llegar a Playa Esmeralda, o Playa Costa Esmeralda, aun faltan de 30 a 45 minutos según el camino elegido; se puede ir manejando gran parte del trayecto por todo el borde de la Playa de Miches si la marea está bajita, si no, hay que tomar una ruta alterna. Ésta no es la más cómoda por lo que sería bueno que se alquilara un vehículo 4×4, especialmente si ha llovido.

Una parte “off road” que hace del trayecto algo diferente. Llegar a playa Esmeralda es como descubrir otra isla, increíble la diferencia en una misma costa; el mar pasó de ser pálido a vibrante. Una escena perfecta: día soleado, playa turquesa cristalina y completamente virgen.

Hay pocos lugares donde puedes disfrutar de kilómetros de playa como este. Inconcebible que sea tan poco conocida, aunque pensándolo bien, no son demasiadas las personas que se aventuran a hacer ese trayecto para ir a una playa; el paisaje impresiona.

Como “nearby attractions” el área también tiene sus bondades. No puede faltar Montaña Redonda a 30 minutos hacia el Este; con un mirador en la cima y una vista espectacular de Laguna Redonda y toda la bahía de fondo. Hace una brisa refrescante, y como si fuera poco, tienen hamacas para recostarse y olvidarse del mundo mientras se disfruta de la vista.

Después está Laguna El Limón, una de las paradas más interesantes del viaje, que supera todas las expectativas. Atravesamos la laguna en bote para llegar a un puente que nos llevaba a la costa y ahí encontramos Playa El Limón. No es un secreto tan guardado pero sí casi igual de valioso. Una playa con una laguna detrás y un rancho donde preparan pescados, piña colada y más, es una parada que no puede faltar. Lo mejor de Laguna El Limón es que tiene todo un proyecto sostenible donde se puede disfrutar de paseos en kayaks por los manglares y apreciar la vida silvestre.

Al regreso por la autovía del Este, puedes seguir la carretera hasta Punta Cana o tomar la salida de Higüey para hacer el camino más corto. Para cerrar el viaje con broche de oro hay que probar los dulces criollos y artesanales que venden en la carretera, hay toda una variedad de dulces que probablemente nunca habías probado.

Escrito por Paola Garrido. PanamericanWorld. República Dominicana