En Portobelo cantan para resistir al látigo del opresor. El Festival de Congos y Diablos que se celebra cada dos años en la provincia de Colón, en Panamá, revive la lucha entre el bien y el mal, entre el negro esclavo y el blanco español, entre Dios y el Diablo.

Es una manifestación cultural llena de ritmo y folclor que rememora los tiempos de la colonia y ha permanecido intacta en el histórico pueblo de Portobelo, a orillas del Atlántico.

Cientos de turistas y locales, además de fotógrafos y aficionados, se congregaron en las calles para ver bailar a congos y diablos y formar parte de un ritual que, al son de los tambores, invoca al pasado.

Este año la celebración fue aún más especial por el reciente nombramiento de la cultura congo como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, en noviembre de 2018.

“Es sin duda un hecho muy importante y lo festejamos en esta edición número once del festival. Además de eso la Asamblea Nacional aprobó una Ley (la número 624) que reconoce la cultura congo. Eso es un gran paso para que sea incluida en el paisaje racial de este país. Ha sido una comunidad muy marginada”, dice Sandra Eleta, fotógrafa y miembro de la Fundación Portobelo, organizadora del festival en alianza con el Grupo Realce Histórico de Portobelo, la Autoridad de Turismo de Panamá, ATP, y el Instituto Nacional de Cultura, INAC.

Congos Panama
Una niña conga sonríe en medio de la plaza central del pueblo, que ha sido galardonada para la ocasión. Foto: Corina Briceño

Herencia de raíces africanas

La razón por la cual este pequeño poblado ubicado a una hora y media de ciudad de Panamá atesora tradiciones de origen africano, se debe a los esclavos que llegaron al continente durante la época de la colonización española.

Portobelo significó un punto estratégico de interés militar, comercial y político entre los siglos XVI y XVIII. Por allí pasó el oro proveniente del Perú para llegar a España. Los barcos cargaban además con plata, tabaco, chocolate y cuero.

De Europa arribaron galeones con vino, aceite, hierro y madera. Fue el corazón del comercio entre las Américas y la corona española. Los grupos de esclavos llegaron como parte de la mercancía. 

Fuera del ritual, congos y diablos se saludan por las calles de Portobelo, se ríen y se toman selfies.  Foto: Corina Briceño

Diablo tú no puedes conmigo

Diablo el infierno es pa’ ti.

Diablo tú no puedes conmigo

Diablo y la gloria es pa’ mi.

Los que lograron escaparse de las plantaciones españolas se refugiaron en las montañas y formaron comunidades llamadas palenques. Recuperaron su libertad y conservaron sus costumbres afrocoloniales hasta hoy.

 Congos Panamá
Las máscaras de los diablos reflejan la maldad del opresor, del blanco español que somete y castiga.  Foto: Corina Briceño

En el universo mítico de congos y diablos hay una lucha entre el poderoso y el reprimido, una batalla entre el bien y el mal. El Congo vive esclavizado y recibe los azotes del blanco español, encarnado en la figura de un diablo que viste de negro y rojo.

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En su mano lleva un látigo, otros llevan un bastón, que sirve para castigar al negro. Protegidos por los ángeles, los congos se alzan en contra de su opresor y mientras danzan persiguen a los diablos, los desenmascaran y los “bautizan”, para convertirlos al bien. Es así como triunfan y se liberan.

Congos Panama
A diferencia de los diablos, el atuendo de los congos resalta por su brillo y colorido, sobre todo el de las mujeres congas. Foto: Corina Briceño

Portobelo, un pueblo muy colorido

Las calles de Portobelo se cubren de alegría cuando llega el día del festival. Las danzas tienen lugar en el parque central del pueblo, en los alrededores hay puestos de artesanía y gastronomía colonense. La celebración comienza a partir del mediodía con el repique de los tambores.

Las mujeres visten la típica pollera conga, un atuendo de dos piezas con retazos de colores. Usan collares y colocan flores sobre su cabeza. La reina Conga resalta por su corona dorada de latón, adornada con diamantes falsos.

Suele llevar una cruz en la mano para espantar a los diablos. Los hombres congos se pintan la cara con carbón en señal de rebeldía, van descalzos, con la ropa al revés, sombrero de estopa y plumas y cualquier otro elemento que llame la atención del espectador.

El grupo de tambores Afrocongo abrió el festival con su presentación, poco después de las dos de la tarde. Foto: Corina Briceño

Los atuendos de los diablos son sin duda los más vistosos y elaborados. Pueden costar hasta mil dólares y requieren de mucha destreza para coserlos. Las pantorrillas van cubiertas de un mar de cascabeles que resuenan con la danza del diablo. Las máscaras se pelean la expresión más aterradora y los zapatos, diseñados con la misma tela del traje, están adornados con plumas de gallo y espejuelos.  

Los bailes entre congos y diablos se prolongan hasta la noche y Portobelo protagoniza en un día, una de las expresiones culturales más ricas y únicas por su valor histórico.

Alrededor de 500 artistas entre congos, diablos y músicos participan en la fiesta, según Roberto King, miembro del comité organizador del festival. El evento se planea con muchos meses de anticipación y se celebra en abril. Desde que nació en 1998 ha ganado proyección turística dentro y fuera del país. .

Textos y Fotos: Corina Briceño. PanamericanWorld. Panamá