Celia González confiesa que su acercamiento al arte no fue pensándolo como negocio. Esta artista cubana, quien ha trabajado desde 2004 con Yunior Aguiar, ha hecho de la relación que se establece entre los ciudadanos y las instituciones que organizan la vida en sociedad, el tema central de una obra muy diversa, entre los que pueden destacarse trabajos como “Colonias epífitas” y “Estado civil”, que hoy forman parte de la colección de la Fundación Farber; mientras, otra de sus instalaciones ,“Apuntes en el hielo”, está incluida en la colección de arte contemporáneo cubano del Museo Nacional de Bellas Artes.

¿Cómo funciona la micro-sociedad entre Celia & Yunior?

Yunior y yo somos amigos, desde que teníamos 15 años y estudiábamos en la Escuela de San Alejandro. Empezamos a ver que el mundo del arte era muy competitivo, individual, cada uno en su soledad. Para nosotros trabajar de conjunto fue una oportunidad de afrontar ese mundo de forma diferente, de trabajar en equipo, de tener alguien en quien tú confías totalmente y con quien puedes comentar lo que estás pensando. Creamos un mecanismo de diálogo en el que la obra surge de ese diálogo. Me preguntan, ¿qué parte haces tú? ¿Cuál hace él? No puedo decirlo, porque estamos  en diálogo y las ideas van surgiendo mientras conversamos. Ahora que no está viviendo en Cuba, el diálogo es por video o a través del correo electrónico. Me dice cosas, le digo cosas y, de repente, la obra se va concretando. Nos repartimos mucho el trabajo. Lo importante es que existe mucha confianza y cariño y que tenemos una manera similar de entender el arte.

¿Qué temas son más recurrentes en sus obras?

Lo que más nos ha interesado es cómo el ciudadano se relaciona con las instituciones, cubanas o no, que representa un grupo de reglas que pueden estar o no a favor de los intereses de las personas. Para nosotros lo interesante ha sido cómo la gente no busca el encontronazo con las instituciones, sino que las bordea y logra llegar a donde quiere.

Consideramos que es importante llamar la atención sobre diferentes fenómenos y no pensar que el artista es el que “resuelve ese fenómeno”, quien lo tiene que resolver es la administración, el Gobierno, pero uno puede identificar y mostrar esos conflictos, que a uno mismo lo afectan.

¿Instalaciones, video instalaciones…piensan seguir sobre esos medios o ampliar a otros?

Utilizamos la instalación porque encontramos que es un espacio en el que se puede yuxtaponer información y algo que nos ha interesado mucho es buscar en archivos o en medios digitales información que está dispersa y, con la instalación, tenemos la oportunidad de poner dos cosas que nunca conectarían y crear un significado y llamar la atención sobre un punto.

El problema de la instalación es que desaparece cuando termina. Es un problema y algo también bonito, porque tienes que verla en el espacio. Para nosotros algo interesante ha sido que muchas veces nos han invitado a trabajar en instituciones o asumir las galerías más como una institución. Por ejemplo, el Museo de Arte Cubano es un museo, pero también es una institución donde trabajan personas y hay administración; o el Instituto Superior de Arte (ISA). Ese fue un punto de interés para la obra “Estado civil”, cómo la gente se casaba, divorciaba y utilizaba la ley, el Código de familia, en función de otra cosa. Lo que puede ser algo cotidiano, pequeño, le subes los niveles contrastes, lo haces más grande y llamas la atención sobre eso.

¿Obras que cambiaron su carrera?

“Estado civil” fue una de las primeras obras que hicimos Yunior y yo y fue importante porque empezamos a preguntarnos sobre la relación del espacio cívico y el espacio gubernamental y cómo esta iba a ser documentada. La idea de que el documental legal ya es suficientemente verídico, que no hace falta una foto, un extremo conceptual y la gente nos decía que era muy frío, que las bodas y los casamientos eran muchas otras cosas, pero nos interesaba ese extremo para comentar sobre el performance y cómo lo perfomático puede ser visto de otra forma, llegar a expandir un poco la acción.

Luego comenzamos a trabajar mucho con el video, porque era una forma de divulgar, a todo el mundo. Copiar en memoria flash y decir. Había mucha necesidad de decir y a veces algunas obras fueron cercanas al periodismo, en el sentido de que son muy directas, había entrevistas y trabajamos en equipo con otros artistas.

Creo que “Bojeo” es una obra importante, es un video que hicimos en Trinidad y Tobago. Bojeamos la isla de Tobago, tiramos fotos turísticas en las playas, pero, al mismo tiempo, llamamos a Cuba a los hoteles, para que nos describieran cómo eran los hoteles. Eso fue en 2006, cuando todavía no se había abierto el acceso de los cubanos a los hoteles. Al final una recepcionista nos explicó que los cubanos no podían hospedarse en los hoteles y que solo podían entrar los recién casados y los que tuvieran permiso de residencia en el exterior. Entonces, el video finalmente después de una alegría tropical, de mucha paz y mucha playa, termina con este punto. Para nosotros fue un registro interesante, antes de que abriera la ley, porque creo que es algo que ha condicionado el imaginario del cubano.

Luego, “Apuntes en el hielo” y “Colonias epífitas” son dos buenos ejemplos de cómo la obra cambió en esto de lo instalativo, de la instalación como una manera de hacer que el público se relacione con la obra teniendo varios campos de información. El video en “Apuntes en el hielo” no es monocanal para proyectar en un cine, es un video que está dando un dato. También nos interesa mucho trabajar con archivos, sistematizar datos que podrían estar desconectados. Para “Apuntes en el hielo” estuvimos seis meses trabajando en el archivo de la Facultad de Historia y Filosofía, de la Universidad de La Habana.

La agenda que escaneamos en “Colonias epífitas” es un archivo de las casas que representaron un poder y hoy representan otro poder dentro de ellas mismas; pero, curiosamente, la estética es la misma. Es como si te hubieras convertido en tu oponente histórico. La tipología arquitectónica no cambió. Las epífitas son plantas que se alimentan del ambiente de otras plantas y, en este caso, la casa es el ambiente del que se alimentó el poder nuevo. Son maneras de comentar, que tienen parábolas, no necesariamente son directas, con una cámara y una entrevista; pero, al mismo tiempo, sí son muy claras sobre lo que quieren decir. No son obras polisémicas abiertas como un abanico del que puedas pensar lo que quieras. Yunior y yo tenemos muy claro lo que queremos decir en cada obra.

¿Qué representó en su carrera el premio Joven Artista del Año, otorgado por la Fundación Farber, en 2015?

Para nosotros fue un honor que nos concedieran el premio a los mejores artistas jóvenes, porque había muchos colegas y muy buenos, con una carrera ascendente. El hecho de que uno fuera elegido por un jurado tan importante fue un honor y también una sorpresa y sentimos que ese hecho aportó mucho a nuestra visibilidad y carrera. Después de tantos años de trabajo, aunque uno sea joven, te dices que no ha sido en vano, que hay receptividad a lo que hemos hecho.

¿Cómo ve la relación arte y mercado?

Esa pregunta depende mucho de a qué artista le preguntes.  Todo el arte contemporáneo es comercializable y hay nichos para todos. ¿Qué pasa con el arte cubano? Cuba no tiene estructurado un mercado del arte. No hay coleccionistas cubanos, dentro de Cuba. Lo que sucede es que vienen coleccionistas a Cuba, a comprar y luego se van. Entonces