Camila García Valentín siempre ha escuchado más de lo que ve. Hay niños que coleccionan juguetes y sellos. Ella recopilaba casetes y, más tarde, discos de vinilos. De padre boliviano y madre cubana, su carrera como Dj con el nombre Cami Layé Okún, referencia yoruba a la brisa y el mar, es hoy el reflejo de una vida buscando los sonidos del Caribe, Sudamérica y África.

Es una tarde invernal en La Habana. La gente instintivamente viste colores grises. Pero en su casa del barrio de Nuevo Vedado, Cami viste de rojo y lleva mandalas como tatuajes. De fondo suena reggae jamaiquino, su primera influencia cuando tocaba en fiestas de amigos, mientras estudiaba Antropología y Etnomusicología en Bolivia.

Hay quienes no consiguen ni conversar, ni estudiar, ni pensar si no están en silencio. Cami Layé Okún no puede hablar sin música. Necesita desconcentrarse para concentrarse. En su timbre de voz se distinguen los cinco años que vivió en Bolivia y Brasil con sus padres.

Cami Layé Okún
Camí Layé Okún en el estudio que tiene instalado en su casa, rodeada de vinilos. Foto: Abel Rojas / PanamericanWorld, La Habana

Hoy dirige “La Chancleta”, un proyecto que organiza intermitentemente con Dj nacionales y extranjeros. Se presentó hace unos meses en el municipio de Centro Habana con el estadounidense Nickodemus y el canadiense Elsewhere.

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“La Chancleta”, el proyecto internacional de Cami Layé Okún

“La Chancleta es una manera de ir contra una ola de música súper comercial. Hemos estado en bares y en casas de cultura. El concepto es que sea gratuito. Un esfuerzo para crear una fiesta de calidad sonora barata, donde puedas ir como quieras, hasta en chancletas. Solo ir y escuchar música en vinilos”, asegura.

Layé Okún anda siempre con dos maletines. El verano pasado estuvo de gira por Europa y pronto estará por México. Dos maletas naranjas descansan a un lado de una de las estanterías de discos de vinilos que dan la bienvenida a su casa. Elegir entre ellos le es difícil.

Precisamente este set fue el que tocó en una terraza de La Habana Vieja, donde PanamericanWorld tuvo la oportunidad de ver su arte en vivo. Sus dedos cubiertos de anillos se movían sobre los controles y se ajustaba los audífonos.

Cami Layé Okún
Cami Layé Okún durante una sesión celebrada en un popular local de La Habana Vieja. Foto: Abel Rojas / PanamericanWorld, La Habana

Hacía frío para un cubano y Cami Layé Okún se movía al ritmo de la música, mientras el local comenzaba a llenarse. Cambió el disco. Le dio vueltas en la mano. Se escuchó un ¡Azúcar! muy cubano.

“Tengo muchos discos preferidos. No tengo uno especial. Es algo que va por temporada. Este set es ahora el que estoy tocando – señala una caja al fondo – y tengo una relación de amor con ellos que durará un tiempo. Ahora hay mucho son cubano, música de Guadalupe, África, Ghana y Costa de Marfil. También tengo discos que los toqué durante mucho tiempo y después regreso a ellos y los veo de otra manera”, aclara.

Cami tiene algo entre transportarse al pasado y fijar el presente. No es el gusto por lo vintage. Es la adicción a los recuerdos. En aquella azotea, entre edificios desgastados y el olor a mar que llega con la brisa, ella te traslada a una mañana de domingo en casa mientras sus padres cantaban en la cocina. Si el primer modo de transmitir el pasado es narrando historias al oído, el segundo sería la música. Cami logra, en este mundo de Youtube y Spotify, meternos en el cuerpo las ganas de reunirnos a su alrededor y viajar.

Layé Okún y la búsqueda de la tradición cubana

La joven Dj busca canciones que, por estar en discos de vinilos, han sido olvidadas. “Mucha gente no conoce la música cubana. Se han estereotipado, sobre todo fuera de Cuba, géneros como el guaguancó y la salsa. Lo que me interesa es buscar cosas que en ese formato me inspiren y me hagan sentir algo. Pero va variando siempre, con lo que está sucediendo y con lo que la gente me retroalimenta. Llevo siempre muchas cosas y es en el momento en el que voy construyendo una historia a través del sonido”, explica.

El vinilo parece haberse puesto de moda de nuevo. Pero no es por ello que Cami Layé Okún escogió este formato. Ella compra algunos discos de vinilos cuando sale de gira, pero la mayoría de su colección viene de buscar de casa en casa por las calles de Cuba. En sus recorridos antropológicos no solo recoge discos de vinilos antiguos: “Me encanta conocer la historia detrás de los discos. Conocer gente y familias a las que nunca hubiera conocido”, aseveró.

Cami Layé Okún
Cami ha encontrado en los viejos discos de vinilo una ruta para explorar la tradición musical cubana. Foto: Abel Rojas / PanamericanWorld, La Habana

Quizás por eso no se ha planteado componer. “No se trata de mí –aclara- sino de la música. Yo no estoy cantando. Solo haciendo curaduría de lo que creo que otra gente pudiera disfrutar”, matiza mientras manipula uno de sus vinilos.

“Yo no soy de los Dj que corta la canción a la mitad para enlazarla con otra. La música que toco es orgánica, no digital que puedas empatarla con un bit constante, como hacen los Dj de la música electrónica. Combino canciones que a veces no tienen nada que ver la una con la otra. Los prensajes no son iguales. La textura no es igual. Trato siempre de crear una narrativa en vez de mostrar mis habilidades en mezclar. Se trata de conocerlas muy bien. Saber qué puede ir con qué. Me guío mucho por las emociones. Saber qué va con cada estado”, expresó.

En un mundo donde la mayoría son hombres y a veces la juzgan antes de verla trabajar, Cami Layé Okún apuesta porque cada vez existan más mujeres en el medio.

Cuando no toca se estresa. El son, el reggae y el funk cobran sentido para ella cuando puede compartirlos, “en una fiesta, en la radio o en Internet, le das como una revitalización a la música. Si no, lo sacaste de una cueva para llevarlo a otra”, concluye.

Por: Dinella García / PanamericanWorld, La Habana