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Chueco, la empresa que viste a las futuras estrellas del béisbol cubano

Chueco Beisbol Cuba
Chueco es una interesante iniciativa empresarial que una en Cuba el emprendimiento y el beisbol.

Raúl Francisco Vázquez se enamoró del béisbol el día en que su mamá lo llevó a un estadio por primera vez y pensó: “Nací para esto”. Entonces solo tenía 7 años de edad, pero la vida le dio otros talentos y, en lugar de bates o pelotas, puso en sus manos bocetos, formas y colores.

Sin embargo, Raúl no olvidó jamás aquel espectáculo alrededor del diamante dibujado en el terreno y encontró el modo de ser fiel a su amor por el béisbol. Hoy, convertido en diseñador, lidera Chueco, una iniciativa cuentapropista en Cuba encargada de confeccionar los uniformes de quienes, desde bien pequeños, no solo sueñan con ser peloteros, sino que anhelan lucir como un verdadero jugador profesional.

Retazo a retazo: una idea toma forma

“Siempre he mantenido una conexión muy fuerte con este deporte, y en especial con el equipo de la capital cubana -los Industriales– me sucede algo muy simpático. Nací en 1973 y mis dos hijos -Diego y Darío-  en 2006 y 2010, respectivamente. Lo curioso es que en cada uno de estos años los azules se coronaron campeones nacionales. No creo que eso haya sido pura coincidencia”, confesó Vázquez mientras conversaba con PanamericanWorld .

La afición de Raúl le ha inspirado  todos estos años y está convencido de que cada experiencia contribuyó a conseguir poco a poco, base a base, los mejores cuadrangulares de su vida.

“Cuando ingresé en la carrera, mientras la mayoría de mis compañeros manifestaron interés en el diseño gráfico o de interiores, yo tenía claro que prefería la especialización en el área de vestuario. En cierta ocasión visitamos la industria deportiva y supe al instante que quería trabajaría allí. Mis aspiraciones eran impulsar proyectos de desarrollo, innovar, tenía muchas ambiciones. Sin embargo, al graduarme, la industria tuvo que cerrar por causa del “Período especial” y estuve vinculado a la producción de uniforme hotelero durante un tiempo.

Chueco Beisbol Cuba

El mejor equipo “Todos Estrellas” del béisbol cubano

 

“Más adelante fui contratado por la empresa Presisport, donde asumí la tarea de rediseñar la imagen deportiva de Cuba destinada al sector turístico. Por mediación de este proyecto llegó a mis manos un trabajo de muchas satisfacciones. Tuve la responsabilidad de crear el  traje que llevaron los peloteros cubanos al Primer Clásico Mundial de Béisbol, en 2006. Adoré todo aquel momento en el que pude interactuar con los jugadores, llevarles variantes del diseño y compartir con ellos en el estadio. Guardo con mucho cariño esa experiencia.”

El primer traje

Otra duda despejada muy rápido por Raúl gracias al amor que le profesa al deporte nacional de Cuba estuvo asociada a cierta elección que, con frecuencia, suele preocupar a quienes esperan la llegada de un bebé. “La mayoría de las familias aquí se preguntan con qué ropita va a salir el niño del hospital. Para mí eso estaba muy claro: con un traje de Industriales. Y así fue.

“Al nacer nuestro segundo hijo, mi esposa Greysi Escobar y yo nos asombramos del impacto que tuvo el ingenioso trajecito de recién nacido y pensamos que aquella idea podía convertirse en algo más. Así creamos Chueco y comenzamos con diseños textiles de ropa para bebé. Ya para ese entonces habían disuelto la empresa en la que trabajaba y, gracias a facilidades de pago que me ofreció la sucursal Presisport en Cuba, pude adquirir 8 máquinas industriales”.

Pusieron en marcha la idea en pleno agosto y con tejidos frescos realizaron propuestas que empezaron a tener una gran aceptación. Al llegar diciembre,  los productos de Chueco se presentaron a la Feria Internacional de Artesanía (FIART). “Recuerdo que en esa ocasión consulté si, además de los pullovitos y las batas de niña, podríamos también incluir algunas camisetas deportivas y, como nuestra propuesta tiene carácter artesanal, no hubo ningún problema en aceptarlas. Una vez más, el público confirmó que este último era nuestro producto estrella.”

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Chueco, un sello familiar

“Creo que Chueco tiene un sello muy familiar.  Escogimos como fecha de fundación oficial el 10 de agosto, coincidente con el nacimiento de nuestro hijo. Mi esposa es quien realiza toda la labor comercial y la iniciativa le debe el nombre a mi primogénito: Diego.

“De acuerdo con un amigo italiano, cuando algo no es perfectamente simétrico está chueco y nosotros cariñosamente solemos llamar así a Diego, pues  desde pequeño sufre una afectación que comúnmente se conoce como párpado caído. Al trabajar de manera artesanal sabíamos que se corría también el riesgo de que las medidas no fueran todas exactas, pero Chueco encierra además un compromiso con la originalidad y el amor, por eso nos pareció perfecto.”

Justo a través de otro integrante de la familia fue que la iniciativa comenzó a ocupar un lugar importante dentro de las series infantiles de béisbol en Cuba. “Darío, el hijo de mi esposa,  a quien quiero como propio, nos salió pelotero. Empezó a entrenar desde chiquito y gracias a él vimos que en Chueco podíamos resolver una necesidad que nadie suplía hasta el momento.”

En la temporada de 2011, Daniel jugó con los Tiburoncitos de Playa un tope en la Ciudad Deportiva y fue esa la primera vez que confeccionaron uniformes para todo un equipo.

“Llegamos un poco antes de que comenzara el partido, sentamos a los pequeños en las gradas y muy rápido empezaron a desfilar padres, entrenadores y niños interesados en conocer cómo habíamos adquirido esos trajes.”

Como un pelotero de verdad

“Antes de Chueco, conseguir un uniforme así para las categorías infantiles era muy difícil. A veces algún amigo lo podía enviar desde el exterior, pero solía suceder que había desajuste en las tallas y no se tomaba en cuenta el gusto particular de los receptores.

“Nuestra metodología de trabajo da otras posibilidades, porque permitimos a los clientes participar activamente en la confección del traje. Nos reunimos con los padres, los niños  y los entrenadores; escuchamos qué nombre, identificador y colores les gustaría y tomamos las medidas y muestras necesarias.”

Chueco Beisbol Cuba

Raúl cuenta que, en la mayoría de las ocasiones, el resultado es muy bien recibido. “No siempre tenemos exactamente el color que nos piden, sin embargo ellos comprenden que nos surtimos básicamente de la propia oferta de tejidos que encontramos en las redes comerciales del país. Nunca nos rendimos, buscamos mil soluciones para complacerles y, aunque por el camino puede aparecer alguna abuelita costurera que hubiese preferido una puntada más acá o allá, aún no hemos tenido un niño inconforme.”

La marca Chueco comenzó vistiendo al béisbol infantil de La Habana, pero hoy ya cuentan con demandas de Artemisa, Matanzas, Pinar del Río y hasta de la Isla de la Juventud. La iniciativa constituye la principal responsable de uniformar a los equipos ya que ninguna otra entidad en Cuba puede garantizar los trajes para las competencias en estas edades.

“Cuando los chicos se ven vestidos se sienten importantes, profesionales, únicos. Algunos padres nos confiesan que, después de probarse el traje, el niño  no se lo quita ni para dormir. Adoro poder cumplirles ese sueño, sobre todo a los más pequeños. Hemos trabajado con algún que otro equipo de mayores, y hasta con la categoría de juveniles (17-18 años), pero nada se compara con ver a esas criaturas de 7 a 8 años vestiditos como peloteros de verdad”.

El trabajo de Raúl y su esposa les ha permitido interactuar con personas de todo tipo y en ocasiones esa variedad ha representado un reto. “En el terreno nos podemos encontrar hijos de cuentapropistas, obreros, maestros, de profesionales, pero mi propósito es que al salir a jugar todos se sientan iguales, ese es también el sentido de un uniforme, por eso hacemos hasta lo imposible porque las diferencias no se noten.

“Sabemos que  valor del traje (40 CUC) no es barato, como tampoco obtener la materia prima. Hemos tenido casos en que Chueco regala la camisa  y el resto del equipo reúne para comprar el pantalón o la gorra. Conozco hogares donde resulta extremadamente difícil poder costear el uniforme en un solo pago y les he concedido plazos, facilidades, porque no se puede trabajar para un público infantil sin sensibilidad.”

Para este pelotero frustrado compartir su creación en espacios como la Feria del libro, Arte en la Rampa, Arte para Mamá y FIART es un verdadero privilegio. Pero, sin dudas,  la exposición más querida en Chueco es aquella que ocurre sobre el terreno, el día en que los trajes recién hechos salen a lanzar, batear y correr. Raúl asiste a esos partidos de estreno para tomar fotografías del momento en que cada niño viste como un jugador profesional. Tal vez la vida les lleve por otros caminos, pero hoy, cuando todavía su sueño es ser pelotero, Chueco les cumplió el deseo de también poder lucir como uno.

Artículo escrito por Odett Domínguez

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