La economía naranja reúne actividades cuyo valor depende principalmente de la creatividad, el conocimiento y la propiedad intelectual. Cine, música, diseño, publicidad, artes visuales y escénicas, industria editorial, videojuegos y contenidos digitales forman parte de un sector que en México ha ganado peso económico y nuevas vías de expansión.

Las cifras oficiales permiten dimensionarlo mejor. En 2024, último año disponible en la Cuenta Satélite de la Cultura de México, el sector cultural generó 865.682 millones de pesos, equivalentes al 2,8 % del PIB nacional. Además, produjo 1.430.528 puestos de trabajo, el 3,5 % del empleo de la economía mexicana. A precios constantes, su actividad creció 1,2 % respecto a 2023.

El dato refleja también la recuperación posterior a la pandemia. El Programa Sectorial de Cultura 2025-2030 reconoce que el empleo creativo sufrió una fuerte contracción en 2020 y que para 2023 ya había recuperado parte importante del terreno perdido. La política cultural mexicana identifica ahora de manera explícita a las industrias creativas como generadoras de empleo, emprendimiento e innovación.

Las industrias creativas crecen en México

México parte de una ventaja difícil de reproducir en otros mercados latinoamericanos. Tiene una enorme producción cultural, proximidad con Estados Unidos, profesionales especializados y una industria audiovisual con capacidad para trabajar tanto para el mercado interno como para producciones internacionales.

Ese último sector se ha convertido en una de las expresiones más visibles de la economía naranja mexicana.

En febrero de 2025, Netflix anunció una inversión de 1.000 millones de dólares en México entre 2025 y 2028, con una previsión aproximada de 20 producciones anuales. El programa incluye también iniciativas para desarrollar talento local y colaborar en la modernización de los Estudios Churubusco.

La producción nacional mantiene igualmente una escala considerable. El Instituto Mexicano de Cinematografía registró 240 largometrajes mexicanos en alguna etapa de producción durante 2024. De ellos, 157 estaban terminados, 47 en posproducción y 36 en rodaje o con la filmación concluida. Ciudad de México y Jalisco concentraron una parte significativa de la actividad.

El consumo digital ha ampliado, además, las posibilidades de circulación. En 2025, IMCINE identificó 32 plataformas de streaming con contenidos mexicanos y contabilizó 5.273 largometrajes nacionales dentro de sus catálogos.

De la creatividad al negocio

La transformación más relevante de los últimos años está en la relación entre cultura, tecnología y mercado. Un creador mexicano ya no depende necesariamente de una editorial, una televisora, una discográfica o una sala de cine para alcanzar audiencias masivas.

Las plataformas digitales han abierto espacios para productoras independientes, desarrolladores de videojuegos, diseñadores, músicos, ilustradores y empresas dedicadas a contenidos audiovisuales. También aumentaron la competencia. Crear sigue siendo el punto de partida, pero monetizar una obra exige conocimientos sobre propiedad intelectual, distribución, marketing digital y acceso a financiamiento.

El Gobierno mexicano ha comenzado a reforzar algunos de esos eslabones. En enero de este año, las secretarías de Cultura y Economía presentaron Mercado Creativo, una plataforma destinada a registrar, visibilizar y conectar a creadores, proyectos y agentes de sectores como diseño, audiovisual y entornos inmersivos.

Un mes después entró en escena otro instrumento dirigido al audiovisual. Un decreto publicado el 16 de febrero estableció un estímulo fiscal de hasta 30 % del costo de proyectos cinematográficos o audiovisuales realizados en México, con un límite de 40 millones de pesos por proyecto y beneficiario y condiciones para incentivar la contratación de proveedores nacionales.

La economía naranja, cuestión de talento

El talento continúa siendo el principal activo de este ecosistema. México cuenta con una tradición reconocida en cine, televisión, música, arquitectura, diseño y artes visuales, a la que se han incorporado actividades digitales que hace una década tenían mucha menor presencia.

El reto consiste en convertir esa capacidad creativa en empresas sostenibles y empleos estables. La informalidad, las dificultades de acceso al financiamiento y la concentración de oportunidades en determinados centros urbanos siguen limitando el potencial económico de muchos creadores.

El audiovisual muestra hasta dónde puede llegar el sector cuando coinciden inversión, infraestructura y demanda. En 2026, la industria cinematográfica mexicana atraviesa un nuevo ciclo de expansión impulsado por producciones nacionales, plataformas internacionales y políticas de atracción de proyectos. Solo en Ciudad de México, la actividad audiovisual generó en 2025 una inversión estimada en 9.419 millones de pesos y 110.660 empleos directos, según datos divulgados durante el foro Economía en Pantalla.

La economía naranja mexicana actualmente es, por tanto, bastante diferente de la que comenzaba a ganar visibilidad una década atrás. La creatividad conserva su importancia, pero alrededor de ella se ha formado una cadena económica más amplia en la que participan plataformas tecnológicas, estudios, productoras, desarrolladores, emprendedores y profesionales independientes.

México dispone del talento y de un mercado cultural de escala internacional. Su siguiente desafío pasa por lograr que una mayor parte del valor generado por esas ideas permanezca en manos de quienes las crean y se traduzca en empresas, propiedad intelectual y empleos capaces de crecer dentro y fuera del país.

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