“Con la ayuda desinteresada de la Unión Soviética”. Durante tres décadas esta fue una frase muy utilizada en los medios de comunicación en Cuba, cada vez que se hacía referencia a la alianza económica, militar e ideológica que existió entre Moscú y La Habana. Luego, la rueda de la historia giró en una nueva dirección y, tras la desintegración de la URSS, los vínculos entre los gobiernos y pueblos disminuyeron a la mínima expresión. Partieron los rusos, pero detrás dejaron profundas huellas, algunas visibles, otras no tanto, en un país que entró en una crisis brutal, llamada eufemísticamente “Período especial”. Casi treinta años después del “divorcio”, los rusos están de vuelta. La situación geopolítica actual no se parece en nada a la de 1989; aunque ambas partes, tras el fin del tímido y corto deshielo con Washington, parecen coincidir nuevamente en el enemigo común y buscan ampliar los acuerdos económicos que han consolidado a Rusia como el tercer socio comercial de Cuba.

Para entender cuán fuerte fue la ruptura a finales de los años ochenta del siglo pasado es imprescindible analizar las cifras: los vínculos con el desaparecido Bloque socialista de Europa del Este representaban el 35% del PIB de Cuba; además, La Habana tuvo en la URSS un mercado seguro para sus productos de exportación, especialmente el azúcar. Cuba recibía, a precios preferenciales, alimentos, productos manufacturados, cerca de 13 millones de toneladas anuales de petróleo, equipos técnicos, maquinarias y también obtenía créditos con bajas tasas de interés. Todo esto desapareció en muy poco tiempo. La desconfianza mutua creció todavía más cuando, ya con Vladimir Putin en la presidencia, Rusia decidió cerrar unilateralmente el centro de inteligencia electrónica de Lourdes, utilizado para vigilar los movimientos del Ejército del poderoso vecino del norte. Entonces, Fidel Castro optó por convertir la antigua base en una moderna Universidad de las Ciencias Informáticas.

La visita de Putin a La Habana, en 2000, fue el primer paso en pos de una reaproximación a un antiguo aliado, que tenía una multimillonaria deuda con Rusia y que parecía reacio a pagar, porque entendía, no sin razón, que los incumplimientos de contratos de la entonces URSS habían causado daños económicos muy superiores a la cantidad adeudada. La solución sobre el diferendo funcionó bien para La Habana y Moscú: en 2013 la Duma rusa condonó finalmente 35. 200 millones de dólares de la deuda y el gobierno de Raúl Castro se comprometió a pagar los otros 3.520 millones en un plazo de diez años. Esa cifra será reinvertida por Rusia en la economía cubana.

RUSIA LLENA UN VACÍO

El deshielo en las relaciones entre Washington y La Habana, impulsado por Castro y Obama a partir de diciembre de 2014, abrió nuevas esperanzas de que, incluso con el Bloqueo en vigor, pudiera crecer el intercambio económico entre esos dos países; sin embargo, la llegada a la Casa Blanca de Donald Trump trajo de regreso la retórica de la Guerra Fría.

Los supuestos “ataques sónicos” contra funcionarios diplomáticos estadounidenses en La Habana fueron utilizados por los políticos más conservadores como pretextos para aumentar la tensión. De acuerdo con el senador demócrata Patrick Leahy, esta situación beneficiaba a Rusia. “Aunque no sabemos quién es responsable (de los “ataques”), sabemos que nuestros adversarios en el extranjero, incluida Rusia, tienen una clara motivación para abrir una brecha entre EE.UU y Cuba, con el fin de lograr sus fines geopolíticos. Y como estamos viendo en todo el mundo, cuando nosotros nos desconectamos, nuestros adversarios se apresuran a llenar el vacío”, escribió Leahy.

La “desconexión” a la que hacía referencia Leahy queda en evidencia con los datos aportados por el Ministerio de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera (MINCEX) que confirman a Rusia como el  tercer socio comercial de Cuba, antecedida por Venezuela y China, y seguida en cuarta posición por España. “Los planes con Rusia son una buena estrategia. Permiten a Cuba diversificar sus relaciones económicas y comerciales y de ese modo minimizar riesgos”, dijo el economista cubano Omar Everleny Pérez Villanueva.

Los rusos y sus empresas han regresado con una gran fuerza al escenario cubano. El intercambio comercial entre ambos países creció, en 2017, en un 52,3%, de acuerdo con estadísticas del Servicio Federal de Aduanas de Rusia. En los ocho primeros meses del año pasado, Rusia exportó 211,7 millones de dólares, lo que representó un aumento del 84,4% en relación con igual período de 2016.

Para el Ministro del MINCEX, Rodrigo Malmierca, ese crecimiento en el comercio bilateral, “no es casual, y no solo porque estemos trabajando con esta visión compartida y que exista una política de ambos gobiernos por desarrollar las relaciones económicas (…) el resultado tiene que ver también con los créditos que la Federación de Rusia ha venido concediendo a Cuba, con el papel activo que los bancos rusos y la Agencia de Seguros al Exportador ruso están prestando a las relaciones económicas con Cuba”.

Según Malmierca, otro elemento que explica los avances es que las empresas rusas y cubanas han emprendido proyectos conjuntos de gran envergadura en sectores priorizados para la economía del país caribeño, como el energético y el transporte, sobre todo en el área de los ferrocarriles.

“Tenemos un gran proyecto con Inter RAO, de más de 1000 millones de euros para la construcción de generadores de electricidad, cuatro bloques de 200 megavatios cada uno, estamos trabajando en el tema de los ferrocarriles con empresas como Sinara y RZD y estamos trabajando con Kamaz”, amplió el ministro.

NEGOCIOS MILLONARIOS

La fábrica de locomotoras de Ludínovo, que forma parte del holding Sinara-Maquinaria de Transporte, empezó a producir para Cuba máquinas de la serie TGM8KM. “Sinara garantizará el suministro de 60 locomotoras de maniobras TGM8KM de 2017 a 2021”, reconoció la empresa.

Por las calles de las principales ciudades y pueblos de Cuba todavía circulan “reliquias del pasado”, como muchos llaman a los autos marca Lada y Moskovitch, de la era soviética. Estos modelos dejaron de producirse hace tiempo en Rusia; pero la empresa AvtoVAZ firmó un acuerdo con el gobierno cubano, para exportar modernos automóviles Lada Vestus y Largus. Un primer cargamento de 344 automóviles ya arribó a La Habana y en la actualidad se utilizan como taxis y en el sector del turismo.

La crisis por la que atraviesa hace tiempo Venezuela, el mayor exportador de petróleo a Cuba, pudo haber incidido en que Cuba buscara un acercamiento con la petrolera estatal rusa Rosneft. La empresa dijo que planea aumentar los suministros de petróleo, la extracción y la modernización de la refinería Cienfuegos; además, en mayo de 2017 hizo un primer envío de 200 000 toneladas de crudo para la compañía cubana Cubametales. No fue casualidad que Raúl Castro recibiera en La Habana a Ígor Sechin, director ejecutivo de Rosneft.

El acercamiento no es solo económico. Científicos de ambos países estudian la posibilidad de montar y explotar dos bases de observación astronómica, en Cuba. Allí se prevé instalar, en un plazo de cinco años, telescopios automatizados que ayudarían a monitorear basura cósmica y meteoritos.

TURISMO… EN AMBAS DIRECCIONES

Rusia es uno de los pocos países en el mundo que no exige visa de entrada a los cubanos. En 2017, según Rosturism, 29 000 ciudadanos del país caribeño viajaron hacia allá, un 12 % más que en 2016. ¿Turismo? Parece más un “turismo de compras”, ya que el mercado interno de piezas de repuesto de automóviles rusos se nutre, sobre todo, de las compras realizadas en Moscú que luego son revendidas a precios muy elevados en todas las provincias del país.

Un total de 75 000 ciudadanos rusos viajaron a Cuba en 2017, lo que representó un impresionante aumento del 67%, con relación a 2016. Este crecimiento del flujo turístico se debió a la estabilización del rublo y el crecimiento del tráfico aéreo, sobre todo, de los vuelos chárter, indicó la Asociación de Operadores Turísticos de Rusia.

El gobierno cubano, encabezado por el nuevo presidente, Miguel Díaz-Canel, afronta grandes retos en su gestión. Para este año, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) pronosticó que la economía de ese país crecerá solo en un 1.6%; además, el contexto internacional no parece el más propicio, con el retorno de Washington a un tono belicista, al peor estilo de la Guerra Fría. La Habana ha reconocido que necesita, urgentemente, más inversión extranjera y, de seguro, dará la bienvenida a los rublos. Atrás quedaron los días de “agradecimiento a la ayuda desinteresada” proveniente de Moscú; pero los rusos están de regreso en Cuba…y piensan quedarse.