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Lugares para recorrer en Colombia esta Semana Santa

Lugares para recorrer en Colombia esta Semana Santa

Publicado por PanamericanWorld el 01 de Abril del 2017

El municipio de Bolívar, en Colombia, es un destino privilegiado durante Semana Santa. De hecho, los momposinos dan inicio a la celebración el último jueves de la cuaresma, a la medianoche.

Durante el llamado Jueves de Dolores se realiza la procesión del despedimento, cuando los nazarenos recrean el paso de Jesús hacia el monte El Calvario. Esto tiene lugar en el callejón de Los Cobos, la iglesia Santo Domingo y la iglesia San Francisco.

Las flores de la palma de vino, conocidas en Mompox como macollas, son protagonistas. Su olor se funde con el del incienso y con ellas los locales construyen alfombras vistosas.

No obstante, la iglesia de Santa Bárbara, que se erige frente al eterno río Magdalena, es el epicentro de toda la celebración.

Los visitantes no podrán ignorar la belleza de otros centros católicos, como las iglesias La Inmaculada Concepción, San Agustín, Santo Domingo, San Juan de Dios, San Francisco y aquella que preside el cementerio de la ciudad.

Tenga presente que la celebración más emotiva se realiza el Viernes Santo. Las bandas interpretan canciones como Los inmortales y La muerte de los dioses, mientras que los Caballeros de Cristo iluminan el camino del Santo Sepulcro.

Mompox, que tiene 27 hoteles y casas de hospedaje, también será sede de conciertos de música sacra, una feria artesanal y exposiciones de arte.

Para complementar el viaje, la orfebrería y la gastronomía del municipio son dos atractivos turísticos que complementan los días santos.

Cultura y fervor en la capital de Boyacá

Apenas un año después de su fundación, 477 años atrás, Tunja ya celebraba la Semana Santa. Dicen los organizadores que la capital de Boyacá es el lugar donde la tradición es más antigua. Y es muy probable que tengan razón.

De hecho, algunos de los atractivos principales son las piezas de arte religioso que fueron creadas por la Escuela de Arte Tunjano en el siglo XVI y que recorren las calles de la capital.

Tenga presente que la Catedral Metropolitana Santiago de Tunja es el epicentro de las procesiones más concurridas.

De acuerdo con Carlos Hoyos, presidente de la Sociedad de Nazarenos de Tunja, sus ritos pueden rastrearse hasta los tiempos coloniales.

Con las instituciones del virreinato fuertemente arraigadas en el territorio, los boyacenses aprendieron a vestir el capirote y cubrirse el rostro como penitencia.

“Nosotros, a diferencia de esas hermandades, nos cubrimos el rostro en símbolo de humildad”, explica, “para que no se reconozca a la persona que está haciendo la penitencia”.

Y para quienes busquen una experiencia menos religiosa, la Alcaldía de Tunja organiza por vez primera la Cofradía Cultural, con una extensa programación de música, artes plásticas, teatro y fotografía.

En el templo de San Ignacio se presentarán las pianistas Teresita Gómez y Edelsa Santana, el quinteto Leopoldo Federico de Argentina y la orquesta de cuerdas típicas Santiago de Tunja.

Y en el Palacio de servicios culturales de la Secretaría de Cultura, se exhibe la exposición fotográfica Paris Champ & Hors Champ.

Al borde de un abismo en la cordillera de los Andes, a 2.900 metros sobre el nivel del mar, se levanta imponente el Santuario de Nuestra Señora de las Lajas, una basílica de estilo neogótico considerada maravilla turística de Colombia y, para algunos, la iglesia más bella del mundo.

Hasta esa basílica menor, construida entre 1916 y 1949 sobre el cañón del río Guáitara, a menos de diez kilómetros de la frontera con Ecuador y dedicada a Nuestra Señora del Rosario de las Lajas, llegan a diario miles de peregrinos para pagar promesas o turistas para conocer este prodigio de la arquitectura.

El santuario, situado entre los municipios de Ipiales y Potosí, en el departamento de Nariño, impresiona no solo por su belleza, sino por las extraordinarias condiciones topográficas en las que fue construido el templo, al cual se accede por un puente de dos arcos, cien metros por encima del lecho el río.

Según cifras del Gobierno colombiano, que en 1984 declaró el santuario Patrimonio Cultural de la Nación, y que en 2006 lo elevó a Bien de Interés Cultural de Carácter Nacional, el lugar recibe más de 750.000 personas al año, de las cuales unas 120.000 lo hacen en Semana Santa.

La laja, piedra gris y blanca abundante en la zona que dio nombre al santuario, se mezcla con el verde montañoso de la cordillera andina, una de las razones por la cuales el diario británico The Telegraph reconoció al templo en octubre del 2015 como la iglesia más bella del mundo, y la publicación para viajeros Condé Nast Traveler lo escogió entre los lugares más bonitos de Suramérica para visitar. Además, el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo incluyó al santuario como uno de los atractivos del Corredor Turístico del Sur.

“El santuario tiene un estilo románico que se puede observar con mayor detalle en el puente donde están construidas la iglesia, el museo y la cripta, además las paredes son gruesas y en forma de arcos, y las piedras son pegadas con barro. Su parte superior tiene un estilo gótico, más detallado con arcos que terminan en altos picos”, explicó el sacerdote Franklin Betancourt, párroco del lugar.

La basílica de tres naves guarda en el altar principal la imagen de la Virgen de las Lajas, y al interior del templo se accede por unas escalinatas cuyos muros están cubiertos de placas de agradecimiento de los devotos de la virgen, entre ellos varios presidentes.

Una de ellas recuerda que fue el arquitecto ecuatoriano Mariano Aulestia quien entre 1859 y 1862 hizo la maqueta de la capilla, que “por su atrevida belleza fue llamada Nido de Oropéndola”.

Otra, que destaca la posición geográfica del santuario, lo define así: “Topográficamente, el más bello del mundo; religiosamente, el más visitado de América Latina; arquitectónicamente, el más audaz y original de Colombia”. El templo actual es la última evolución de siete pequeñas iglesias construidas desde 1756 en honor a la aparición de la Virgen de las Lajas.

El milagro

Según la leyenda, en el siglo XVIII la virgen se le apareció sobre una laja a Rosa, una niña indígena muda, quien ante la visión pudo hablar y dijo a su madre: “Mamita, la mestiza me llama”. “La primera capilla, de paja, se construyó en una cueva donde, según la tradición católica, se apareció la Virgen. Otras versiones hablan de un padre jesuita que pintó a la Virgen en la piedra laja”, explicó Jairo Aza, de la Secretaría de Cultura de Ipiales.

Según el funcionario, “el lugar posee un alto contenido espiritual porque los indígenas de la zona realizaban allí rituales al sol, la naturaleza y la luna”.

Para facilitar el acceso al lugar, en noviembre del 2015 el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, inauguró un teleférico que tiene 1.530 metros de longitud y un descenso de 350 metros, que lleva a los turistas de un lado a otro de la iglesia.

“El teleférico se construyó para que todas las personas, incluidas las que tienen condiciones de discapacidad, pudieran ver el santuario, porque la idea es que poco a poco se consolide como un encuentro de y para todos, así es como se construye la paz”, concluyó Aza.

En la ciudad de Buga, en el Valle del Cauca, queda uno de los santuarios religiosos más visitados de Colombia: el del Señor de los Milagros. Se trata de una imagen de Cristo a la que le atribuyen miles de testimonios por favores recibidos, sobre todo de sanaciones de enfermedades. Cuenta la leyenda que, entre 1550 y 1560, la imagen se le apareció a una indígena que lavaba ropa a orillas de la región, como un favor por haber salvado a un hombre de ir a la cárcel, donándole sus ahorros.

Esa imagen estuvo primero en una choza, luego en una capilla y más adelante en una ermita, hasta llegar al imponente templo que ostenta hoy en día, que ya cumple 110 años.

El turismo religioso alrededor del Milagroso de Buga mueve gran parte de la economía del pueblo y de toda la región.

Una joya del patrimonio inmaterial

¿Por qué visitar Popayán durante Semana Santa? Responde Felipe Velasco, de la Junta Permanente Pro Semana Santa de la capital del Cauca. “Las procesiones de Semana Santa de Popayán tienen un lenguaje iconográfico propio que las distingue de las procesiones del mundo. Tienen una tradición cultural de 461 años de existencia ininterrumpida, y son las únicas reconocidas por la Unesco como patrimonio cultural intangible”.

En efecto, la manifestación religiosa hace parte de la lista de patrimonio representativo de la Unesco desde el 2009. “Cada procesión se organiza alrededor de altares flotantes, o pasos, que son creados y ensamblados de acuerdo con reglas complejas”, informa la organización de Naciones Unidas.

En las procesiones, por ejemplo, hay roles definidos. El alumbrante, la sahumadora, el moquero, el síndico y los portainsignias son algunos de los personajes protagónicos.

La Unesco también reconoció que la transmisión de la práctica cultural ha llevado conocimientos, cohesión social y diálogo a los payaneses.

Una visita a la Virgen de Chiquinquirá

Aquí habita la Virgen nacional, aquella que el papa Juan Pablo II fue a visitar en 1986. El Santuario Mariano de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá sigue siendo uno de los principales sitios de peregrinación.“Chiquinquirá es una ciudad muy concurrida por la vocación de la Virgen”, explica Carlos Hoyos, presidente de la Sociedad de Nazarenos de Tunja. “Muchos fieles van allí a pedir protección para demostrar ese cariño que se le tiene a la Virgen”.

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